martes, 22 de mayo de 2018

Caminando...



La vida me regala otra primavera. Sol, luz, color y energía… Vuelvo a pisar senderos y es todo un placer para los sentidos. Pienso que me gustaría ser fuerte como un árbol y enfrentar la vida con esa postura: siempre firme, de pie, floreciendo, maravilloso.


Hay instantes que te gustaría sentarte y quedarte allí para siempre. Ahí, abrazada a la sombra de las ramas renacidas para llorar por las ausencias y sentir que los recuerdos de los sentimientos no perecen. También te preguntas por qué anhelaste tanto aquello que ahora ya no importa, sientes que hubo un tiempo que vivías enamorada de la tristeza, la nostalgia había ocupado un espacio y hoy sabes que nada regresa, el agua sigue hacia adelante.




En el aire dejo escapar los reproches y pienso en los sentimientos suaves que me acompañan aunque no adivinen el calor que llevan mis palabras. En el silencio que rompe el croar de las ranas todavía suena la música de la esperanza. Aunque cada día las palabras tienen menor valor ¡se usan tan a la ligera!...




domingo, 20 de mayo de 2018

Tonada para un árbol cincuentón.



Nicolás Maduro puede conseguir una etiqueta de "legitimidad". Los rivales políticos están divididos; pero Venezuela sufre una crisis económica y humanitaria. Quiero pensar que hoy mi pueblo querido puede volver a ser lo que fue: una tierra de gente alegre, sin hambre, sin represión...



lunes, 23 de abril de 2018

Porque éramos jóvenes...

Hoy es el día del libro, uno de los pocos días que me gusta celebrar. Espero animarme y salir como los libros a la calle...

Para celebrarlo quiero dejar este libro de JOSEFINA ALDECOA "Porque eramos jovenes". La historia de un hombre muerto cuya personalidad y vacilaciones se desvelan a través de tres personas: su mujer, un amigo y un antiguo amor. La historia se contempla desde los tres puntos de vista, un enfrentamiento presente entre el amigo del protagonista y su viuda; una indagación a través de momentos clave del pasado del muerto y las cartas del amor perdido.

Conservo un artículo de El Cultural-El mundo escrito por Gusi Bejer y voy a copiaros algo:

“Éramos alegres porque éramos jóvenes”, dice Julián. En 1957, David, la francesa Annick y el propio Julián pasaron unos días de verano en Ibiza. David y Annick vivieron, bajo la atenta mirada del amigo, el espejismo de un amor que podía atravesar los años y fundar una vida basada en la libertad y la alegría, que opondrían a la mustia realidad de la sombría España franquista. Pero esa vida en común, que forzosamente debía hacerse realidad en otro país, sólo existió como utopía. Desde Nueva York, donde se ha instalado para desarrollar su carrera como psicóloga, Annick escribe a David invitándole a reunirse con ella. Desde 1958 hasta 1974, sus cartas encierran el recuerdo de Ibiza, infundiéndole una luz que terminará por apagarse. La melancolía da paso a la amargura según comprende que David nunca se decidirá por la opción idealista; que el rebelde encierra a un pragmático fascinado por la riqueza y el triunfo social. En Madrid, firmemente amarrado a su matrimonio con la desdeñosa, rica y gélida Genoveva, alcanza sus metas, a costa de un vaciamiento sin vuelta atrás. Annick se resigna a ser la mala y buena conciencia que en vano protesta por tanta claudicación.

La prosa de Josefina R. Aldecoa se caracteriza por una exactitud que atrapa los hechos y motivaciones; escrita en 1985, años de yuppies y arribismos, toda la novela está traspasada por una melancolía que parece encontrar su justificación en un tiempo que no dejó sombra de las ilusiones juveniles. 

Reflexión personal:

Cuando volví a releer este libro ya no era tan joven y comprendí que si entonces no volamos lo suficiente fue por ese miedo que nos inculcaron al que dirán, al menos en mi caso. Con los años las alas se fueron oxidando y los vuelos se hicieron cortos aunque ya conocemos la vida demasiado bien y sabemos que el tiempo perdido no puede recuperarse. 
Cuando éramos jóvenes las personas de mi edad me parecían viejas y resulta que si, es verdad que nuestra cara es un mapa, y no sabemos cuando empezó la cuenta atrás. Ahora sólo cuento días y mi mente no se ve reflejada en esa imagen que devuelve el espejo.